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11 enero 2010

Las madres de las novias no molan.


La verdad, estas Navidades han sido lahostia en versión pepino. Tres semanas. Tres. Que son muchas y se dicen pronto. Sobre todo cuando, en un retorno nada caluroso a la faculté (pues llevaba nevando tooooda la tarde anterior y eso por la noche se congela, cual hermano marista), aliñado con una calefacción que de -facción nada, y de cale-, las ganas de hacerse borroka y poner alguna bomba por ahí.

Y ahora sólo puedo preguntarme por qué llevo tres horas aquí sentado, en la biblioteca, mirando hacia el techo y consultando cada dos por tres las mismas páginas de coña para ver cuánto tardan en actualizar. Mi vida va a ser, de manera irrevocable, un verdadero coñazo durante todo el mes de enero. A no ser que explote algo grande y esté cerca para verlo. Una lluvia de jirones de carne siempre te deja pensativo. Y da para temas de conversación muy muy largos, al igual que las novias de tus amigos y, sobre todo, sus madres (las de tus amigos, no las de sus novias, que por lo general nadie conoce ni desea conocer, ya que verá a la hija en un futuro quizá no muy lejano y le haga renegar de tal pretendienta para su amigo)

Si tenéis novia, mirad a su madre. Eso, y no otra cosa, salvo que existan tías (hermana de madre en este contexto), es lo que seguramente os aguarde a la vuelta de 10 años. Miradla otra vez y planteaos: ¿eso quiero para mí?. Woody Allen lo sabía, e hizo algo para remediarlo. Por eso hay que adoptar chinitas. Dentro de diez años AÚN serán menores. Diez años después tendrán 20 años. Tú 40 y su fidelidad absoluta. Que me aspen, por Baden Pawell, si no es un buen plan.

Me aburro y es un hecho. ¿Puede alguien volar algo?

13 diciembre 2009

Aventuras higiénicas


Afeitarse es tan aburrido que intento cantar, pero me corto y me lleno la boca de espuma. Es como intentar hacerle una felación a una batidora en marcha en medio de un ataque de epilepsia (por aquello de la espuma).

Hoy, mientras me debatía entre el cante jondo y un afeitado no sangriento, con la mano de no afeitar (yo diría que la izquierda) limpiaba el espejo empañado por no abrir la ventana (no está el tiempo como para jugársela así, hombres más peludos han muerto por menos frío; aunque el olor a mierda de gato me hiciera somerme al arduo debate entre neumonía y náuseas, dos palabras que empiezan por "n"); he tenido una revelación: mi cuello no gira igual para un lado que para otro. ¿A alguien más le pasa?. Estaba intentando dejarme las patillas más menos parejas, otra de las cosas que nunca se me darán bien (junto con todo lo que requiera algo de pulso o no ser patoso), y al intentar comprobar ese pico de atrás, el de los pelos que intentan meterse en la oreja, y que siempre hay que cortar si no se quiere parecer un poquito gilí; sentía que para un lado, como que no llegaba.

Yo que siempre me he considerado un ciudadano de giro apropiado y normal, no como esos que se giran de cuerpo entero, como un maniquí o un playmobil (por cierto, ¿quién coño ha dicho nunca que se llamaran "cliks"? Tu puta madre si que hace click cuando se cae del sexto, inventor de palabras de mierda, seas quien seas. No te jode. Click. Vaya chorrada), descubro para mi asombro que no me veo un hombro. Sé que todos los que estáis leyendo esto alguna vez os habéis besado el hombro. Es una sensación incomparable. Todo es sensibilidad desde los labios hasta allí. Como si estuvieras, yo que sé, creando una ingle allá arriba. Maravillosa anatomía.

Afeitado como estaba, uno se da cuenta de que su nariz genera pelo no sólo por dentro, sino también por fuera. Alguna vez, cuando detecté su presencia, allá en mi adolescencia, jugué a afeitarmelos. Pero es un juego que no acaba bien. Al final puedes cepillarte los dientes con tu propia nariz, eso sí que son cerdas y no las de Salamanca. O eso dicen...

Habiendo finalizado mi proceso de arreglo facial, todo ello realizado con una cuchilla gilito (no todo, imaginad lavarse así los dientes...), voy a mi cuarto, en tuballola, con un frío de cojones, llego andando cual pingüino mientras intento esquivar al puto gato, cierro la puerta y ya, por fin, acaba lo más intenso del día.

Nada hay tan excitante como la higiene personal. ¿Puede alguien comentárselo a los de metro para que avisen a los usuarios? Igual así no me joderían con sus putos olores, ya sea por defecto o por exceso, madames pupú de Shanell. Que yedéis. Jóvenas.
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